Agua
Las Relaciones
Las Relaciones – Capitulo I
Ninguna vida existe de forma aislada. Todo cuanto nace, crece, aprende y evoluciona lo hace a través de las relaciones. Del mismo modo que el agua fluye, engendra y une, también las relaciones revelan la verdadera naturaleza de cada ser.
Pero no todas las relaciones conducen a la vida. Hay relaciones que liberan y otras que esclavizan; unas acercan a la verdad, otras la alejan; unas despiertan la conciencia, otras alimentan la ilusión. Comprender el origen y la naturaleza de cada relación se convierte, por ello, en algo indispensable para quien busca la verdadera sabiduría.
Este capítulo nos conduce más allá de la apariencia de los acontecimientos, llevándonos a buscar las causas primeras que gobiernan la existencia. La relación con Dios, fuente del orden y de la vida, se revela como el principio a partir del cual todas las demás relaciones encuentran su verdadero significado. Es en ese flujo invisible donde la conciencia es transformada en oro, reencontrando el camino de regreso a su verdadero Hogar.
Las Relaciones – Capitulo II
Salir del yo es entrar en el mundo de las relaciones. Es en esa relación con el otro, la Naturaleza y el mundo donde se revela gran parte de lo que gobierna la existencia humana.
Entre el bien y el mal, la verdad y la ilusión, se desarrolla una lucha que alcanza la conciencia y el propio organismo. Es en esta confrontación donde la Rueda de la Vida asume un papel fundamental, permitiendo al ser humano respirar el aliento de vida que emana de su movimiento y alcanzar el conocimiento de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal. Ante la actuación de las fuerzas del lado oscuro, ese conocimiento se vuelve esencial para comprender aquello que trata de perturbar la conciencia y la vida.
El flamenco surge como música proveniente de un orden universal primordial ligado a la acción del Verbo. Sus palos, presentados como mantras celestiales, penetran en la supraconciencia, generando una negación del mundo tóxico creado por las fuerzas del mal, y se funden con la metafísica de los elementos de la Naturaleza.
Distinguir el orden natural del orden establecido por el sistema se vuelve, entonces, esencial. La experiencia de la vida y el conocimiento del bien y del mal conducen a la moral, la justicia y la piedad, mientras que el amor y la sabiduría abren el camino hacia la comprensión del otro y el desarrollo interior. Es mirando al Cielo y a las fuerzas de la Naturaleza como la conciencia se manifiesta, conduciendo al Nuevo Hombre, entregado a la luz de Dios y procurando integrarse en el conjunto armónico de la Naturaleza. La organización de la vida culmina, así, en la lucha contra los desórdenes que imperan en el organismo a través de la medicina natural alquinaturista.